¿Es posible una España laica? - José Luis Redondo
http://www.inisoc.org/jlr76.htm
Publicado en Iniciativa Socialista número 76, verano 2005
La afirmación constitucional de que España es un Estado
aconfesional está muy lejos de cumplirse. El catolicismo, más
que una religión que se practica mayoritariamente, es un marco
tradicional que fija el escenario de la vida privada y pública
de los españoles.
Momentos significativos de nuestra evolución como individuos están
marcados por rituales católicos: el nacimiento por el bautismo,
la adolescencia por la primera comunión, la formación de
pareja por la boda en la iglesia, la muerte por los funerales. En los
últimos años está despegando el matrimonio civil,
pronto con la posibilidad del matrimonio entre homosexuales, pero aún
carece de una adecuada ritualización, basta comparar una boda en
un ayuntamiento o juzgado con la realizada en una iglesia. La violencia
con que ha reaccionado la Iglesia católica ante el matrimonio entre
homosexuales no es ajena a que se considera dueña del control de
los ritos de paso.
No existen en la sociedad lugares y ceremoniales adecuados para conmemorar,
festejar o lamentar momentos importantes de la vida. Es, por ejemplo,
casi imposible conmemorar a los muertos familiares fuera de los funerales
en una iglesia, no hay lugares ni ritos civiles adecuados.
Esta debilidad de las prácticas laicas privadas está reforzada
por la aparición pública de todos los personajes que llenan
los medios de comunicación. Está cercana la boda católica
del príncipe Felipe (que podría considerarse no constitucional)
y parece que nos espera un próximo bautizo; la muerte de Juan Pablo
II y la elección de Benedicto XVI es una muestra de máxima
ocupación de la TV del Estado. Todo esto no es más que una
falta de respeto a otras creencias religiosas y sobre todo a los no creyentes.
En el mismo nivel hay que situar los festejos religiosos de los pueblos
y ciudades, las procesiones y hasta fenómenos chuscos que se mueven
entre el fanatismo y el folclore, como la romería del Rocío.
El predominio y la ocupación del espacio público por parte
de la Iglesia no se corresponden con los datos de la práctica católica
y desde luego no cumple con el mandato constitucional.
No habíamos salido apenas de la cruzada, con un máximo
apoyo a las tropas insurgentes durante la guerra civil, ni del nacionalcatolicismo
del periodo franquista, cuando se procedió a firmar los acuerdos
con el Vaticano de 1979. Es este concordato con otro Estado el que da
un predominio total para la Iglesia, un ejemplo más de la ausencia
de ruptura en la transición de la dictadura a la democracia.
En esta situación estamos:
- El Estado paga a la Iglesia el 0,5239% del IRPF, pero como no eligen
bastantes ciudadanos está opción, se completa la recaudación
hasta los 141 millones de euros mensuales, 3.500 millones anuales, por
parte del Estado.
- Ni siquiera tributan por IVA los objetos de culto, en contra del criterio
de la UE.
- Se apoyan a iglesias y conventos como monumentos artísticos.
- Se subvenciona a las muy variadas ONG de la Iglesia, unas con prácticas
útiles y otras con prácticas mucho más dudosas.
- Se subvenciona a los colegios católicos que forman la mayor parte
de los concertados.
- Se paga con dinero público a los profesores de religión
que contrata la Iglesia, por impartir formación confesional en
los colegios.
La enseñanza de la religión en los centros escolares no
dejaba a los obispos satisfechos, y así se cambió durante
el gobierno del PP, dejando en la LOCE la religión como una asignatura
idéntica a las matemáticas o la historia. El intento del
gobierno del PSOE de volver a las condiciones anteriores, en las que era
una materia sin efectos académicos, ha levantado todas las alarmas
de la Conferencia episcopal y de las organizaciones afines. En parte tienen
razón, puesto que en el Concordato se establece que la religión
confesional será una materia análoga a las demás.
Los cambios que está comenzando el Gobierno hacia propuestas que
caen fuera del manto protector de la Iglesia, teniendo en cuenta la condición
laica del Estado y las diferencias ideológicas entre los ciudadanos,
han dado lugar a una campaña agresiva de la Conferencia episcopal
apoyada por el Vaticano, tanto con el anterior como con el actual papado.
La campaña ha comenzado con un precalentamiento sobre la eutanasia,
quizá una confusión por una película, puesto que
el Gobierno no se atreve aún a plantearla. Se centra en un triple
aspecto:
- Contra los cambios en el divorcio, contra la investigación con
células madre y, sobre todo, contra el matrimonio entre homosexuales.
- Por la religión en la escuela como asignatura con los mismos
efectos académicos que las demás y el aumento de los conciertos
en educación infantil.
- Por la recepción del dinero que necesitan, aumentando, si es
necesario, el tanto por ciento del IRPF, para autonomizar
los pagos que recibe del Estado.
De todo esto, el enfrentamiento con los cambios legislativos para permitir
el matrimonio entre gays y lesbianas ha pasado todos los límites.
Exigen a los católicos una objeción de conciencia que no
existe legalmente; más bien, llaman a la insumisión de los
diputados, jueces y concejales, y se ha llegado a pedir al rey que como
Balduino de Bélgica abdique temporalmente para no firmar la ley.
Así podría ser que contribuyeran al progreso del republicanismo,
pero parece que Juan Carlos es más inteligente.
De esta manera, la Iglesia, directamente desde el Vaticano y los obispos,
o indirectamente desde sus asociaciones, el Foro español de las
familias, las asociaciones pro vida, así como sus medios
de comunicación, se ha lanzado como avanzadilla de un eje de ultraderechas,
que ni siquiera abarca todo el campo del voto del PP, aunque sí
su ala más radical y, por ahora, también el mensaje que
ha cristalizado su secretario general Mariano Rajoy en el debate del Estado
de la Nación.
¿Qué podemos hacer ante esta situación?
El avance hacía una España laica es una tarea pendiente
para aumentar la libertad y permitir nuevas transformaciones sociales.
Hay, en este sentido, tareas a corto plazo, pero otras serán de
larga duración.
Una primera tarea es situar a la Iglesia española ante un país
ideológicamente plural, con gentes que tienen distintas religiones,
con agnósticos y con ateos.
Hay que presionar al gobierno para que desarrolle un programa laico de
aplicación de la Constitución, tanto en donde está
más decidido, los derechos civiles, como donde menos, las subvenciones
escolares y la religión en la escuela. Para ello, pueden jugar
un papel importante, no sólo el PSOE, sino IU, ERC, BNG o la Chunta,
además de las organizaciones sociales, sindicatos, asociaciones
de madres y padres, asociaciones de alumnos o entidades como el Consejo
Escolar.
Existe un compromiso de la Conferencia episcopal para autofinanciarse
económicamente. Es importante plantearlo actualmente, para lo que
no hace falta cambiar el Concordato. Hay que conseguir que la financiación
de la Iglesia se haga por sus fieles, no por todos los ciudadanos. Es
fundamental exigirlo ahora, cuando la Iglesia se ha echado al monte, porque
debe saber que es una organización dependiente. Es una propuesta
para enmarcarla en el funcionamiento de las diversas confesiones existentes.
En un segundo nivel, las organizaciones sociales, ya que no quiere hacerlo
el gobierno, debemos exigir la renegociación de un Concordato que
está influido por la fecha de su firma, recién acabada la
dictadura franquista. Sin su cambio difícilmente podrá avanzar
el dominio de lo laico en la vida pública.
También hay que hacer un esfuerzo por cambiar la opinión
pública, hasta que se admita que actos y festejos no deben estar
ligados a ceremonias religiosas, que éstas deben ser propias de
los fieles y no ocupar espacios privilegiados en los medios de comunicación,
especialmente en la TV pública.
Hay que buscar también formas y lugares para conmemorar adecuadamente
nuestros ritos de paso, permitiendo celebraciones laicas. La aportación
de la inmigración puede ser significativa, por lo que supone de
nuevas religiones y culturas. Cada vez más la población
tendrá diversas tradiciones y, por lo tanto, para que podamos convivir
tendremos que movernos en un espacio público laico.
Madrid 19 de mayo de 2005
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